Solo.

Y firme.

Solo

Sé que te sientes solo, y es hora de aceptar que así debe ser. Recuerda tu infancia, esa burbuja de seguridad en la que creías que tus padres siempre estarían ahí, inmunes al tiempo, con su sabiduría resolviendo cada una de tus dudas. Pero la realidad es que cada ser tiene su propio camino, y hasta los más sabios y amorosos eventualmente deben seguir el suyo.

Debemos reconocer que la soledad no es una anomalía, sino el estado natural en el que cada hombre debe aprender a existir. Incluso en nuestra travesía, donde por momentos caminamos acompañados, siempre habrá solo dos huellas: las tuyas. Nos apegamos a las personas, olvidando que cada una tiene su destino y su tiempo es limitado.

Aquellos que prometen caminar a nuestro lado durante toda su vida, a menudo se ven obligados a detenerse, dejándonos sin otra opción que continuar solos. Es una lección dura pero esencial: disfruta de la compañía del viajero que va a tu lado, pero recuerda que su presencia es solo temporal.

Este es tu camino. Tú eres tu compañía más preciada y suficiente. No necesitas de más. Los recuerdos de cada persona que ha caminado a tu lado te acompañarán, cargando en tu mochila cada experiencia vivida. Pero al final del día, cuando la noche caiga y te encuentres reflexionando sobre tu jornada, comprenderás que estás solo.

Y en esa soledad, encontrarás fuerza. Tus pies descalzos, que una vez temblaron ante la vastedad del camino, se fortalecerán. Tu soledad, que una vez fue tu mayor miedo, se convertirá en tu más leal compañera. Camina firme, camina solo, y en cada paso, encuentra la libertad y la paz en la aceptación de que este viaje, tu viaje, es tuyo y solo tuyo.

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