Levarege your "wierdness"

Ilusory=Reality

Leverage your "weirdness"

El deseo universal de ser 'diferente' o 'especial' es más una ilusión alimentada por nuestros seres queridos que una realidad. La misma definición de 'especial' contradice la idea de que todos podemos calificar, ya que implica una desviación de lo común. Esta fantasía se distingue de la individualidad, la aceptación de que, aunque cada uno de nosotros es único, eso no nos hace 'especiales' en el contexto más amplio. La individualidad es una constante, reconociendo nuestras diferencias inherentes, mientras que ser 'especial' sugiere una distinción extraordinaria. Es vital comprender estos términos como distintos para evitar malentendidos y expectativas poco realistas sobre nuestra identidad.

Personalmente, siempre me sentí diferente, quizás porque de alguna manera llamaba la atención. Además, mi actitud era reforzada por la adulación de mis padres y familiares. Tuve la suerte de tener una familia muy amorosa y varios elementos que hicieron de mi infancia una experiencia privilegiada. Por ende, siempre me sentí "especial".

Si analizamos la situación, me atrevería a decir que la mayoría de los niños, en algún momento de su infancia, se han sentido "especiales". Nuestra sociedad actual tiene la tendencia a premiar lo inmerecido; confundimos el acto de amar con el otorgamiento de títulos inmerecidos, creando así una falsa identidad en el individuo.

Sin embargo, me pregunto si esto puede terminar siendo positivo en alguna circunstancia. Asumir una personalidad, ya sea ilusoria o no, lo más probable es que motive al individuo a desempeñarse conforme a esa identidad "asignada". Este es un factor crucial, ya que uno de los determinantes para "ser" alguien es que nuestras acciones sean consistentes con nuestra identidad. En este punto, la línea entre la ilusión y la realidad comienza a difuminarse, ya que ha trascendido de un ideal a un campo tangible.

Aquí entramos en una fase en la que, si estas acciones o comportamientos se repiten y refuerzan con el tiempo, comienzan a consolidarse como parte de la personalidad del individuo. Anteriormente, era simplemente el individuo respondiendo a una situación específica con feedback positivo. Cuando el comportamiento analizado se independiza del feedback de agentes externos, dicho comportamiento ha sido incorporado y, por ende, ya forma parte del sujeto.

Es importante señalar que en este contexto estamos hablando de un proceso mayoritariamente inconsciente, donde el individuo simplemente acepta esa cualidad o rol asignado. Pero entonces, ¿qué pasa con todos nosotros, que somos conscientes de este estado ilusorio? Esto se conoce como el síndrome del impostor, que va de la mano con la idea de "fingir hasta lograrlo". Personalmente, nunca tuve afinidad con este tipo de pensamiento, pues efectivamente me siento como un impostor. Hasta que cambié mi perspectiva, afortunadamente pude encontrar varios puntos de conexión y validación en mi experiencia y formación como actor y artista escénico.

Sería totalmente falso e injusto conmigo mismo decir que cada vez que estuve en escena, interpretando un rol artístico, estaba siendo un impostor. De hecho, esos momentos en escena, desempeñando el "rol" de un personaje, ya sea ficticio o ajeno, son las experiencias más auténticas en mi vida. Por ende, el factor primordial para categorizar algo como genuino o real no está necesariamente ligado a los pequeños detalles de “veracidad”, sino a la experiencia en su conjunto, la cual será medida por sus acciones.

La capacidad de auto inducirse, "hackear la mente", asumir una identidad ilusoria, o como quieras llamarlo, es definitivamente una herramienta altamente efectiva si uno es capaz de recolectar suficientes pruebas durante el tiempo que moldearán, poco a poco, una escultura, una obra artística, creada puramente desde el anhelo, la perseverancia, la pasión y la objetividad. Lo que llamamos "identidad".

Personalmente, yo lucho mucho con este tipo de procesos, pues tiendo a ser muy perfeccionista. Pero a la vez, sé que la única manera de convertirse en "alguien" es mediante la práctica y la experiencia, y el punto de partida siempre será desde cero, haya "talento" nato o no. La única diferencia es que el proceso de mejora será exponencial. Por ende, la mejor postura que puedo adoptar en el crecimiento personal es asumirme como una persona sin ninguna identidad en particular, pero sí con ciertas características y cualidades con las que intento enriquecer este proceso de adquisición, solidificación con el paso del tiempo, y reorganización. Por ejemplo:

  • PERSEVERANCIA, RE, DISCIPLINA: Seran los pilares para que las acciones se solidifique en habitos y luego en estilo de vida.

  • INICIATIVA, CURIOSIDAD, PASIÓN: Seran la fuente de la llama intensa que impulsa el porque del accionar.

  • HONESTIDAD, HUMILDAD: Seran escenciales para cuando llgue el punto necesario de la reflexion, en donde se dejaran atras habitos y se aniadiran otros.

La autopercepción moldea nuestra realidad más de lo que nos damos cuenta. La 'identidad' que adoptamos, incluso si nace de una ilusión de grandeza o singularidad, tiene el poder de catalizar transformaciones reales. Si esta visión ilusoria de nosotros mismos nos inspira a actuar de manera que aportemos valor, que mejoremos nuestras capacidades y beneficiemos a los demás, entonces esta 'falsa' identidad se convierte en algo más verdadero y valioso que cualquier noción preconcebida de nuestro 'verdadero yo'. En este contexto, la ilusión se convierte en una herramienta poderosa, un medio para desbloquear nuestro máximo potencial y redefinir quiénes somos en términos de las contribuciones y el valor que aportamos al mundo. Así, la grandeza surge no de la adherencia a la 'verdad' de nuestra identidad, sino de la audacia de abrazar una visión de nosotros mismos que nos impulsa hacia la excelencia.

Recuerda que TU "experiencia" se rige por TU "perspectiva. Moldeala a tu beneficio.


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